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La Voz del Viento


A veces miro al cielo, siento la caricia del viento... y escucho su voz.

Aún la recuerdo. Era suave, amable. Una voz que acariciaba. Con un tono que te acunaba y te llenaba de seguridad.
Una voz protectora que hacía de barrera entre yo y mis problemas.

Sí... La recuerdo. La escucho a veces, cuando la brisa mece las hojas.

Cuando estoy solo, cuando más la necesito... Ella siempre está ahí.
Siempre está aquí. Conmigo.

Aunque en realidad sea todo lo contrario.


-----------------------------

Corría.

Corría tan rápido que el viento silbaba dolorosamente en sus oídos, ensordeciendo todo lo demás...
Todo lo demás, excepto ese grito de socorro. Desgarrador, horrorizado. Un grito que se clavaba en su pecho y le llenaba los ojos de lágrimas.

En la espesura del bosque, los rayos del Sol no conseguían alcanzar el suelo. Se quedaban a medio camino, pasando entre las hojas a duras penas.
En momentos como aquel, le parecían largos, luminosos, esqueléticos dedos que trataban de rozarla desde el cielo, estirándose en toda su envergadura para atraparla.

Sus piernas estaban magulladas, de las veces que había caído al suelo, tratando desesperadamente seguir adelante.
Su cara estaba llena de rasguños, debido a las ramas bajas que azotaban su rostro cuando pasaba corriendo entre ellas.
Sangrante, sin resuello, seguía corriendo hacia el foco de esa voz que pedía auxilio.

Podía sentir sus pulmones, quejándose dolorosamente por el esfuerzo al que se los sometía. Respiraba rápidamente, y el corazón latía en su pecho con una fuerza desmesurada, como si quisiera escapar de su interior.

Esa voz. Esa voz que aullaba de dolor no paraba de repetirle que se diera prisa, que avanzara aún más rápido, que no se rindiera... y que no llegara demasiado tarde.

No... No se lo pedía. Se lo suplicaba.

Trató de contener los sollozos que le entorpecían la garganta, pero no pudo. La sensación de asfixia era agobiante, y no la dejaba respirar.

La chica que se precipitaba vertiginosamente entre los árboles y arbustos tenía grabada en su cara una expresión de dolor e impotencia que encogía el alma. Cualquiera que la hubiera visto en ese momento hubiera sentido su miedo y su desesperanza como si fueran propios.
Con esa melena danzando en el viento tras de ella; una melena azulada, que parecía contrastar con el verde vibrante de la naturaleza a su alrededor.

Minako no podía más.
Esa voz le taladraba los oídos. Esos gritos la desgarraban por dentro.
Las lágrimas se deslizaban a cascadas por sus mejillas. Se mordía el labio con tanta fuerza que un fino hilo de sangre bajaba por su barbilla.

Sollozando, con esa enorme presión en el pecho, no pudo hacer otra cosa que maldecirse a sí misma por su incompetencia.
Los únicos sonidos audibles en ese momento en el bosque eran sus gemidos y sus sollozos... Junto con los chillidos que no paraban de pedir auxilio.

Aspiró una gran bocanada de aire, sin parar de correr.
El grito salió lacerando su garganta, espantando a los animales que quedaban por los alrededores, haciendo vibrar sus propios tímpanos.

Un grito lleno de sufrimiento por lo que estaba ocurriendo, no muy lejos de allí.

Un grito de puro terror. No por sí misma...
Si no por su hermano.

-¡¡¡¡KAZE!!!!

-----------------------------

-¡Kaze!

El chico miró hacia arriba, y pudo ver los ya conocidos ojos miel escrutándolo tras un entrecejo más que fruncido.

-¿Cuántas veces te he dicho que no me cojas las cosas sin permiso?

El niño sonrió, mostrando una encantadora dentadura mellada.
El chantaje emocional solía funcionar la mayoría de las ocasiones.
Pero esta vez no, pensó, cuando su hermana trató de coger el trozo de suave tela que tenía enrollada al cuello.

-¡Ah! Vamos, déjamelo.

-No, tengo que salir, devuélvemelo de una vez.

Kaze se levantó de un salto del pequeño escalón en el que estaba sentado, escapando de las garras de su hermana mayor, y la miró desafiante.
Minako tuvo que contener la risa al ver la expresión de irritación que asomaba en el rostro del pequeño; junto con ese pelo corto y sin peinar, se veía tan adorablemente desaliñado que la muchacha hacía grandes esfuerzos para no sonreír.

-No necesitas la bufanda –le reprochó él.

-No es una bufanda, te lo he dicho mil veces. Es un pañuelo –aclaró Minako-. Y sí que lo necesito, tengo que salir a comprar -lanzó un rápido movimiento para apresar la prenda.

Pero su hermanito era condenadamente rápido.

-Es una bufanda –exclamó, después de esquivarla, y le sacó la lengua.

La muchacha fingió ofenderse gravemente ante su osadía.

-¡¿Cómo te atreves a desafiarme?! –exclamó.

Antes de que pudiera darse cuenta, Kaze notó como le arrebatan la bufanda de entre los dedos. Ni siquiera vio a su hermana moverse del sitio, pero cuando pasó el susto pudo ver como la tenía entre sus elegantes manos.

-¡Eh! ¡Has usado algo raro! –se quejó- ¡Eso es trampa!

-Oh, no. No es trampa amiguito. Haber estado atento –sonrió su hermana mayor, con superioridad.

Kaze se tiró sobre ella para recuperar la prenda, pero la pisó sin querer, haciendo que ambos perdiera el equilibrio y cayeran al suelo entre risas.

-----------------------------

-Ah...

Trataba de aspirar el aire, pero no podía. Por mucho que lo intentara, la presión sobre su torso era tan fuerte que no dejaba entrar el ansiado oxígeno.

Sollozar no le servía de nada, sólo para agotar sus fuerzas antes de tiempo.

Abrió la boca y de nuevo trató con todas sus fuerzas llenar sus pulmones, pero sólo conseguía que un fuerte dolor en el pecho lo martilleara sin cesar.

Las lágrimas escapan de sus ojos, casi sin darse cuenta.

Ahora, lo único que esas aterrorizadas pupilas veían era una gigantesca máscara blanca, tras la cual unos iris rojos como la misma sangre escrutaban sin piedad como aquel niño que portaba en sus manos se iba asfixiando poco a poco.

Había acudido al lugar, a ese apartado claro en el bosque, atraído por una densa energía espiritual. Aquel mocoso tenía bastante, pero no tanta como esperaba.

Por un momento dejó de mirar al insecto que tenía entre manos y miró a su izquierda.

Eso era lo que le había llamado la atención.
Aquel niño estaba jugando con esa poderosa zanpakutou.
Un grave gruñido reverberó en su pecho. El olor era tan delicioso que no se lo pensó dos veces en acudir a por él, hambriento como estaba.

Lo notaba. Cada vez le dolía más. Su espíritu corrupto dolía cada vez más, ávido de ricas almas que hace tiempo que no había logrado devorar.
Apretó los dientes al sentir como el leve olor de la energía espiritual de aquel chico le hacía estremecerse de impaciencia.

Ese olor... Dolía...

El hambre que acosaba a la bestia, al hollow, se tornó rabia.

Apretó aún más a ese frágil cuerpo entre sus dedos, y pudo sentir con satisfacción el crujido de los huesos, puede que las costillas, acompañado de un mudo grito por parte de la víctima.
De su garganta ya no podía salir sonido alguno.

Estaba decepcionado.

Aunque... El reatsu de ese muchacho era débil, sí; pero parecía delicioso.
Al menos, serviría para calmar su hambre.
Para calmar el dolor.

-----------------------------

Cuando llegó a casa, tras la compra, Kaze no estaba.

Lo buscó por todas partes, con una angustiosa sensación. Su instinto le gritaba al oído que algo malo estaba pasando, que aquello no era normal.

Trató de tranquilizarse y lo buscó por las calles del Rukongai, pensando quizá que había ido a visitar a alguno de sus amigos, o estaría jugando en uno de los tantos parques.

Entonces, al volver de nuevo a casa, agobiada por el miedo, se dio cuenta.

Su zanpakutou no estaba.

-Kaze... No habrás... –le dijo en aquel momento, a la vacía vivienda.

¡¿Cómo había podido ser tan irresponsable?!
Conociendo a su hermano, debería habérselo esperado...

-¡Nee, Minako, déjame tu espada! ¡Quiero aprender a luchar como tú! Y así poder matar hollows, y cortarles la cabeza y los brazos, jeje.
-Kaze, a veces me pregunto si un niño de tu edad debería pensar así...
-¡Déjamela!
-¡No! No es un juguete. Te puedes hacer daño. ¿Por qué no coges tu espada de madera?
-Se me rompió el otro día... Además, tu katana es muy bonita. Y siempre que la cojo me cosquillea los dedos...
-He dicho que no.
-¡Venga, va! Sólo cinco minutitos...


-----------------------------

Ahora, corriendo por el bosque, no podía hacer otra cosa que maldecirse a sí misma hasta la saciedad.

Debería haber estado atenta.
No debería haber dejado su zanpakutou en cualquier sitio visible.

-Maldita sea...

No debería ser tan lenta.

En un momento dado, paró en su carrera, confundida.
Los gritos, los desesperados aullidos de auxilio que llenaban el bosque, habían parado.

A su alrededor, todo quedó en un mortuorio silencio.

-N... No es...

En silencio...

Retuvo los dolorosos sollozos en su garganta.
Con un gruñido de rabia, echo a correr, esta vez más rápido.

Cada vez más rápido.

-¿Cuántas veces te tengo que decir que no cojas mis cosas sin permiso?

¿Por qué? ¿Por qué había cometido un descuido como aquel?

-¡Quiero aprender a luchar! ¡Quiero ser tan fuerte como tú!

¿Por qué no lo pudo predecir?

-¡Quiero luchar!

¿Por qué no pudo evitarlo?

-----------------------------

Luchar.

Luchar.

Eso es en lo único que pensaba.
En luchar.

Luchar en su propia batalla contra la muerte.
Luchar para ver un nuevo día.
Luchar para ver de nuevo el rostro de su hermana.
Luchar con fuerza, aun siendo tan pequeño.

Aun siendo tan pequeño, ese niño luchaba con valor.

No se rendiría. No le daría tan fácilmente su propia alma a ese monstruo.

Sí... Luchar.

Tengo que luchar, como ella lo haría... Pelear.

Pelear para que el aire entrara en sus pulmones.
Pelear para no perder la conciencia.
Pelear para sentir una vez más.

Para ganar...

Para vivir.

-Minako...

-----------------------------

Los ojos de Minako se abrieron en su totalidad, al llegar por fin al apartado claro del bosque.
Ante ella se alzaba un gigantesco hollow, uno de los más grandes que había visto rondando por la Sociedad de Almas. Su espantosa máscara se asemejaba a la pálida calavera de un lobo; su voluminoso cuerpo se alzaba a dos patas, dándole la espalda.
Atisbó en un rápido vistazo su zanpakutou tirada en el suelo.

Cuando la bestia sintió esa nueva presencia, una presencia con un olor delicioso, se dio la vuelta.

Y entonces, Minako lo vio.

Kaze tenía la mirada perdida, los bellos ojos color miel apagados y enrojecidos por las lágrimas. Su cuerpo caía hacia atrás, casi sin vida, convulsionado por leves estertores.
Tenía una enorme brecha en la frente, que bañaba el lado izquierdo de su delicada y bella cara en sangre coagulada.
Sus manos, pintadas de rojo. Sus uñas, levantadas al intentar provocarle a esa escamosa piel que lo apresaba algo de dolor. Su boca, manchada de savia ajena, probablemente del monstruo, al que había clavado los dientes en un vano intento de escapar.
Todos esos pequeños signos lo demostraban.
Aquel niño había peleado contra su agresor.
Se había resistido a ser apresado por esas garras.

Incluso ahora, perdido en un punto medio entre la vida y la muerte, seguía luchando por respirar.
Seguía luchando por... vivir.

Su hermana, cuando al final pudo salir de su horrorizado trance, no dudó ni un segundo en lo que debía hacer.

Corrió hacia su zanpakutou, sin quitar la vista de su hermano pequeño.

Pudo ver con angustia como su respiración, ahora que el monstruo había aflojado un poco su presa, se iba haciendo cada vez más pesada. Los espasmos que recorrían su cuerpo iban aminorando.

Kaze se estaba muriendo.

Si no hacía nada, si no lo conseguía a tiempo, moriría.

Si no lo hacía a tiempo...

Mientras su hermana alzaba su espada sobre su cabeza, Kaze sonrió.

La había vuelto a ver.
Su rostro.
El rostro de la persona que le crió; que le dio una vida; que cuidó de él.
El rostro que tanto amaba... lo había visto de nuevo.

La voz de su hermana retumbaba en sus oídos, recitando palabras que no lograba entender.
Esas palabras... se iban silenciando poco a poco.
Cada vez más, los sonidos a su alrededor se iban apagando.

En un momento dado, paró.
Ya no se escuchaba nada.

Nada aparte de su corazón, bombeando, lentamente.

El mundo se convirtió en una sucesión de destellos. La luz era tan brillante que le hacía daño a los ojos. Los entrecerró, molesto.
Todo se iba desmoronando a cámara lenta. La realidad, el dolor, todo se diluía.

Nada tenía sentido en ese momento.

Hasta que, al fin, todo se tiñó de negro.
Flotando en la cálida penumbra, no podía sentir nada.
En su mente, apareció la cara de su hermana.

De Minako.

Le sonreía.

Y siempre que su hermana sonreía...
Él sonreía también.

Vivirás.

La sonrisa de Kaze se borró lentamente.

¿Me lo prometes?

-Hermana...

Prométemelo. Prométeme que vivirás. Y que aprenderás a luchar, como tantas ganas tenías.

-No...

¿Por qué lloras?

-N...

Lo sabes. Estaré contigo siempre. Por eso...

-Hermana...

Por eso, prométeme que vivirás. Y que lo harás feliz. Que te harás fuerte.

La oscuridad le engullía. Ni siquiera la voz de su hermana podía atravesarla.

Hasta pronto, Kaze.

Alargó la mano, anhelando alcanzar ese rostro que se difuminaba entre las sombras.

Te quiero.

-----------------------------

Lo único que se podía escuchar... era el viento.
Acariciaba las hojas de los árboles, provocando un leve murmullo en la calma de la tarde.
Sólo se oía eso. Los pájaros, los animales, habían escapado.
Allí no quedaba nadie.

Nadie... Salvo ese niño.

Kaze abrió los ojos.

Levantó la cabeza, y al hacerlo pudo sentir como ésta le daba vueltas. Al tratar de levantarse, tirado como estaba boca abajo entre la hierba, no pudo sofocar un grito de dolor.
El pecho le dolía muchísimo. Cada movimiento era un sufrimiento que se clavaba en su interior, como afilados cuchillos. Apretó los dientes, al notar de nuevo ese cortante dolor que le estremecía de la cabeza a los pies, y al sentir como el metálico sabor de la sangre inundaba su boca.

Desistió en sus intentos de alzarse y se quedo tumbado en el suelo, respirando costosamente. No le quedaban fuerzas para nada más.

Pero el descanso duró poco. En un segundo, los recuerdos de los sucesos vividos le golpearon sin compasión.

La desesperación le permitió levantarse aun a pesar del dolor que emponzoñaba su sistema nervioso. Miró a su alrededor, sintiendo como sus ojos se humedecían de nuevo, perdido como estaba. Los rayos anaranjados y rosados del atardecer dotaban al bosque de un aura irreal, como si todo aquello fuese un sueño.

-¡Minako! –gritó, buscando a su hermana, tratando de encontrarla.

Echó a andar entre quejidos, arrastrando los pies y haciendo malabarismos para no volver a caer al suelo.

Su hermana... ¿Dónde estaba?

-¡¡Minako!! –llamó de nuevo, esta vez más fuerte. Los gallos entorpecían su voz, ya que trataba de contener el llanto de cualquier manera posible.

Si su hermana le veía llorando, ¿qué pensaría? No podía dejar que le viera en un estado tan lamentable... Seguro que se burlaría de él...

Eso es... Aparecerá en cualquier momento, diciéndome que no sea tan blandengue, que no llore como un niño. Me dirá... Que tengo que aprender a madurar, a ser un hombre. Aparecerás... ¿verdad?

-¡¡MINAKO!!

¡¿Verdad?!

Tropezó con algo y cayó contra la dura tierra, arrancándole un gemido de dolor.

¡¡Aparecerás, llamándome enano, como siempre!!

En aquel momento, lo supo.
Supo que no iba a aparecer.

Y supo que era por su culpa.
Las cálidas lágrimas que resbalaban por su cara se lo decían alto y claro.

Es culpa tuya.

Su hermana no estaba.
No sabía exactamente lo que había ocurrido, pero en su corazón, comenzaba a entender... que ella no volvería.

Ya no volvería a ver su cara.
No volvería a escuchar su risa.
No volvería a calmarle cuando tuviera pesadillas, durmiendo a su lado.
No volvería a verla, a oler su fragancia, a oír su voz.

Ya nada de eso volvería a pasar.

Se sentó en el suelo, retorciéndose, tirándose del corto pelo y apretando la brecha de su frente.
El dolor físico... El dolor físico no lograba calmar ese otro padecimiento, mucho más cruel y despiadado, que lo destrozaba por dentro.
Se llevó una mano al pecho y gritó, dejando que ese alarido le arrancara el merecido sufrimiento a sus huesos rotos.

Si no hubiese sido tan estúpido, no habría pasado nada de esto.
Si le hubiese hecho caso...

Cogió la katana con manos temblorosas. El llanto hacía que su herida en el pecho empeorara, pero no le importaba.
La espada palpitaba. Era cálida al tacto, tanto que contrastaba enormemente con la frialdad que había tomado su piel.

El pañuelo de su hermana... la envolvía, como una pálida mortaja.

Sabes que estaré siempre a tu lado, Kaze.

Apretó la espada, abrazándola con amargura.

Abrazando... A su hermana.

Siempre.

El viento silbaba sin piedad, llevándose consigo las livianas hojas de otoño...


FIN
©2006-2009 ~Hecate-chan
:iconhecate-chan:

Author's Comments

Bueeeeno, aquí traigo el fic. Cuando Kaze me envió la ficha de su shinigami y leí la historia del personaje... Oh, no pude resistirme y tuve que plasmarla en un relato xDDD Fue amor a primera vista, por mucho que quisiera era demasiado bueno, dramático y precioso como para pasarlo por alto ^^

No es de mis mejores fics, desde luego. Después de releerlo pasado un tiempo le veo bastantes fallos xDDD Pero no quiero cambiarlo, porque a Kaze-kun le gustó así y así lo dejo. Que sepas que me alegró muchísimo cumplir tus espectativas :hug:

Y como me pidió que lo subiera a DA para acompañarlo de... algo... que no voy a decir por miedo a que sea spoiler y arruine la sorpresa, si es que hay (x___D), no pude decir que no. Y gracias a su petición he desempolvado esto y por fin he estrenado mi DA!! xDDD

Nya, dedicado a Kaze, el mejor quinto oficial y Yumichika de la 11 (después de mi *Silba*) que se puede encontrar ^^

Gracias por leer ;P

Comments


love 4 4 joy 4 4 wow 0 0 mad 0 0 sad 0 0 fear 0 0 neutral 0 0
:iconkaze-11:
Mis espectativas? Las sobrepasaste! :hug:
Me gustó muchisimo el fic, mas de lo que hubiese imaginado nunca, en serio. Siempre digo que me recorre un "noseque" por el cuerpo de lo dramatico que es que me encanta >_< Sobretodo el otro dia, cuando te mande el PM, que lo volvi a leer y es que me encanta *0*
Muchas Gracias por subirlo a DA!!! :+fav:
Y tb por esa dedicatoria :hug::hug:

PD: Que alegria de que te gustase tanto la ficha de mi shini, que aun no he terminado de hacerla al 100% para colgarla en el cuartel :_D
:iconkrunzik:
mmmmm.... este fic ya lo lei en BSP si no recuerdo mal, aun asi no se si lo comenté.

Como siempre... está muy bien narrado, entre esto y el fic de la AMS (el cual no he olvidado... *silbidito*) demuestras q puedes escribir cualquier cosa, ya sea drama o comedia. En este caso concreto la forma de presentar los hechos como destellos desde el punto de vista de dos personajes distintos, etc, ha quedado genial.

weeeno, poco mas q añadir, solo q te vayas animando a subir mas cositas a DA ;)

--
anata wa koko ni imasu ka¿?
:iconmoldivers:
Warra!!!! Asquerosa!!!!!! ¬¬u mira qu eno decirme nada de tu DA...porque me encuentro un mensaje tuyo en el DA de Kaze que o si no... XDDDDDD

Sabes que me encantó este fic, que bien así podré favoritearmelo!!!! :party:

te watcheo tb!!! :D
:iconmoldivers:
Creo que a este paso nunca la colgarás XDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD jiasssssssssss
:iconhecate-chan:
Weeee, pero qué majo eres, leches :smooch:

Muchísimas gracias, me siento realizada al saber que la persona a la que iba completamente dedicada este fic se sienta tan satisfecha *__*
Y, por primera vez en mi historia, conseguí terminarlo para tu cumple!! xDDD (No lo recuerdo muy bien, pero si me equivoco no me quites la ilusión, porfa :__D)

Thnks por el fav T3T :hug:

PD: Completamete de acuerdo con Moldi xDDD
:iconhecate-chan:
Muchas gracias, ninia!! >33< :hug:

PD: No desperdicias oportunidad de recordarme el de la AMS, eh? :__
:iconhecate-chan:
Yaaa, no me matéis jo xDDDDD

Gracias por el fav, y te devuelvo el watch ^3^

:glomp:
:iconkaze-11:
Yo tb estoy totalmente de acuerdo con ella :____D
Todo es ponerse ^^
:iconyukinonchan:
Wuaaaaaa esta abosultamente genial!!!!
Me encanta como narras, tia, es q es todo tan bonito *w* leí tu fic d la divi y tmb me encantóoo T__T jur quiero escribir como tú xD
Y la historia tb es muy maja :3 me encanta como se llevan los hermanos... y en Kaze ya se va manifestando ese espíritu 11ero xDD
Nya, nos vemos :*

--
I'm alpha and omega, the beginning and the end.

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October 15, 2006
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